João Furtado, oftalmólogo especialista en uveítis y profesor asociado de la Universidad de São Paulo
Oftalmólogo especialista en uveítis y profesor asociado de la Universidad de São Paulo
El Dr. João Marcello Furtado es un oftalmólogo brasileño especializado en uveítis, con una destacada trayectoria clínica, académica e investigadora. Desarrolla su labor asistencial y docente en el Hospital das Clínicas de Ribeirão Preto (Brasil), es consultor médico de la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera y ha colaborado con la Organización Mundial de la Salud en proyectos de prevención de la ceguera, además de participar activamente en sociedades científicas, consolidándose como una figura relevante en la investigación y la asistencia oftalmológica.
Su vínculo con Ojos del mundo empezó con el proyecto desarrollado en Oruro junto al Club de Leones, donde participó en el seguimiento sobre el terreno y recorrió zonas rurales, consolidando desde entonces una relación de colaboración cercana y comprometida. Esta complicidad se ha fortalecido especialmente en el marco de la RAAB (Evaluación Rápida de Ceguera Evitable), en la que João ejerce como investigador principal, aportando no solo su experiencia, sino también una profunda vocación de servicio.
En marzo lideraste la implementación del estudio RAAB en Bolivia. ¿Qué destacarías del trabajo con los equipos locales y qué impacto puede tener este estudio en la planificación nacional de la salud ocular?
Lo que más destacaría fue el compromiso de los equipos locales y su disposición para trabajar de forma coordinada, incluso en contextos logísticos complejos. Un estudio como el RAAB no depende solo de una buena metodología, depende también de la capacidad de adaptación sobre el terreno, del conocimiento de las realidades locales y de la implicación de profesionales que entienden las necesidades de su propia población. En Bolivia vimos precisamente eso: equipos muy comprometidos, con interés real en generar evidencia útil para el país.
El impacto potencial es muy relevante. El estudio RAAB permite conocer, con datos actualizados y comparables, cuántas personas viven con ceguera o discapacidad visual, cuáles son las principales causas y en qué grupos se concentra la mayor necesidad. Esto ayuda a orientar mejor la planificación nacional, priorizar intervenciones costo-efectivas, organizar servicios y distribuir recursos de manera más justa. Sin datos locales, el riesgo es planificar a partir de supuestos. Con datos, el país puede tomar decisiones más sólidas.
Cuando un país dispone de evidencia actualizada sobre las causas de la ceguera, ¿qué cambia realmente? ¿Cómo se conecta esta información local con las políticas globales impulsadas por organismos internacionales?
Lo que cambia, en primer lugar, es la calidad de la toma de decisiones. La evidencia actualizada permite identificar si los principales problemas están relacionados con catarata, errores refractivos no corregidos, retinopatía diabética, glaucoma u otras causas. También permite detectar desigualdades geográficas, sociales o de acceso. Eso cambia la conversación: se pasa de una discusión general sobre necesidades a una planificación basada en prioridades concretas.
Además, esta información local es fundamental para conectar la realidad del país con los marcos globales de salud ocular. Los organismos internacionales impulsan metas, indicadores y estrategias, pero su implementación solo tiene sentido si se adapta al contexto nacional. Los datos locales permiten traducir las recomendaciones globales en políticas concretas, viables y medibles. También facilitan que el país monitoree avances, dialogue con socios internacionales y justifique inversiones en salud ocular dentro de una agenda más amplia de cobertura sanitaria universal y equidad.
¿Cuál es el siguiente paso estratégico para que los resultados del estudio RAAB se traduzcan en mejoras concretas para la población?
El paso estratégico no es solo publicar los resultados, sino convertirlos en un plan de acción. Eso exige revisar los hallazgos con el Ministerio de Salud, los servicios de oftalmología, la atención primaria, la sociedad civil y los socios técnicos. A partir de ahí, es necesario definir prioridades, metas, responsables e indicadores de seguimiento.
En muchos contextos, los resultados del estudio RAAB muestran necesidades que ya eran percibidas por los equipos, pero que no estaban cuantificadas. Tener esos datos permite transformar una percepción en una agenda de trabajo. Sin embargo, los datos por sí solos no cambian la realidad. Hace falta traducirlos en decisiones concretas: fortalecer redes de derivación, ampliar el acceso a cirugía de catarata, mejorar la cobertura de corrección refractiva, identificar barreras para las poblaciones rurales o vulnerables y, sobre todo, integrar la salud ocular dentro del sistema de salud, no como un componente aislado.
Participaste en la elaboración del Plan nacional de salud ocular de Mozambique. ¿Qué aprendizajes de aquella experiencia pueden ser útiles para Bolivia?
Una lección muy importante es que un plan nacional solo es útil si es realista, priorizado y asumido por los actores locales. En Mozambique, como en otros países, quedó claro que no basta con tener un documento técnicamente correcto. El plan debe dialogar con la capacidad instalada, con las limitaciones del sistema y con las oportunidades de implementación progresiva.
Otro aprendizaje es la importancia de vincular la salud ocular con la atención primaria, la formación de recursos humanos y los mecanismos de derivación. También es esencial definir bien qué acciones pueden tener impacto en el corto plazo y cuáles requieren una construcción más gradual. En contextos con recursos limitados, la priorización es indispensable.
Para Bolivia, esto puede ser especialmente útil: utilizar la evidencia del estudio RAAB como base, pero construir a partir de él un plan factible, con metas claras, cronograma y responsabilidades compartidas. Un buen plan no intenta resolver todo de una vez; establece una ruta consistente para avanzar de manera sostenida.
Desde tu perspectiva, ¿qué importancia tiene el trabajo de Ojos del mundo en el fortalecimiento del sistema de salud de Bolivia?
Pienso que el valor del trabajo de Ojos del mundo está en su capacidad de colaborar con una visión de fortalecimiento del sistema, y no solo de respuesta puntual a necesidades inmediatas. Eso es fundamental. En salud ocular, las intervenciones aisladas pueden ser útiles, pero su efecto es limitado si no contribuyen a mejorar capacidades locales, organizar servicios y usar evidencia para la toma de decisiones.
En Bolivia, Ojos del mundo ha tenido un rol importante al trabajar junto a actores locales, acompañar procesos y contribuir a generar condiciones para que las mejoras sean sostenibles. Ese tipo de cooperación, basada en alianzas y en respeto por las prioridades del país, suele tener un impacto más duradero. Además, cuando una organización apoya tanto la atención como la formación, la planificación y la producción de evidencia, su contribución va mucho más allá del beneficio individual: ayuda a consolidar un sistema más fuerte, más equitativo y mejor preparado para responder a las necesidades de la población.
